Si hay algo que confunde a quienes llegan a Andalucía, no es el calor sofocante ni el bullicio de las fiestas populares... sino la relación con el tiempo. Aquí, la puntualidad no es una prioridad. Y eso es lo que hace que esta hermosa región del sur de España sea tan encantadora, y a veces confusa.
Pregúntale a un andaluz cuánto tardará. Su respuesta será simple: «Ahora vengo».
Traducción literal: «Enseguida voy». Traducción real: «Vendré... cuando llegue». Podrían ser cinco minutos, treinta minutos o una hora. A veces incluso al día siguiente, con una gran sonrisa a modo de disculpa.
Otro clásico: "un minuto". En teoría, esto debería significar sesenta segundos. En la práctica, son más bien quince minutos. Y eso si la persona no ha decidido parar a charlar con su vecino, primo o camarero por el camino.
En Andalucía, llegar 20 minutos tarde no sorprende a nadie. Aquí no se considera impuntualidad, sino una adaptación al ritmo de vida. La gente se toma el tiempo para terminar una conversación, tomar un café o contemplar el mar.
Para un extranjero, esto puede ser difícil de entender. ¿Programar una reunión a las 6 p. m.? Se espera que las primeras personas lleguen alrededor de las 6:20 p. m. Y no importa: todos los demás hacen lo mismo.
Esta relajación frente al paso del tiempo proviene sin duda de varios factores:
En Andalucía el tiempo se adapta a la vida, no al revés.
¿Y si, en última instancia, este enfoque fuera una forma de sabiduría?
En Andalucía, aprendes que esperar no es una pérdida de tiempo, sino un momento para vivir. Charlas con tus vecinos, disfrutas de un café y observas la calle. Aquí, el tiempo es un compañero, no un enemigo.
Así que sí, a veces tendremos que aprender a ser pacientes. Pero esta es quizás una de las lecciones más hermosas que nos ofrece Andalucía:
👉Saber reducir el ritmo y recordar que la vida no es una carrera.
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